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En esta entrada, describo lo que he hecho desde mi última blog y cuento mis experiencias con las clases en la calle de la Universidad de Buenos Aires.
| Clases en la calle afuera de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA |
¿Qué he hecho últimamente?
¡Los dos fines de semana pasados han sido unos de los mejores que he tenido en Buenos Aires! Mucho tiene que ver con mis exploraciones de nuevas partes de la ciudad.
Las arepas venezolanas: Empezó hace dos semanas, cuando fui a cenar con unos amigos de la Universidad del Salvador (USal). Fuimos a un bar venezolano en Palermo, y disfruté mucho la oportunidad a conocer a los estudiantes de Argentina y de otros países. También me encantó comer las arepas venezolanas, las que eran un cambio bienvenido de la comida menos picante de Buenos Aires.
El asado argentino: El próximo día, un amigo argentino, Nacho, me invitó a un asado. Tuvo lugar en su casa en Villa Martelli, un suburbio justo al norte de Buenos Aires. ¡Me impresionó la gran generosidad de Nacho! Él y sus amigos conocían durante muchos años, y nos acabamos de conocer a través de un par de eventos para estudiantes de intercambio. Sin embargo, el se sintió cómodo a invitarme a su casa. No hace falta decirlo, la comida estaba deliciosa y me divertí con el grupo.
| Un asado argentino sobre una parrilla |
Una visita a la Feria de Mataderos
| Un día hermoso por el Río Luján en Tigre |
| El Museo de Arte Tigre |
Clases en la calle
Por el estatus de la UBA como una universidad pública que no cobra colegiatura, la universidad y sus profesores están al centro de un debate política en Argentina. El país está en un periodo de alta inflación—una de las predicciones más recientes (de Itaú BBA via el Wilson Center's Argentina Project) pone la inflación del 2018 a las 40,3%. Significa que los precios de productos (en pesos argentinos) van a ser más o menos un 40% más altos en el enero del 2019 que eran en el enero del 2018. Para que un profesor de la UBA viva el mismo nivel de vida que tenía el año pasado, tendría que recibir un aumento de salario equivalente a la tasa de inflación.
Desafortunadamente, eso no es lo que ofreció el gobierno actual. Como parte de una esfuerza para alcanzar el deficit cero, el gobierno de Mauricio Macri originalmente ofreció un aumento modesto para los profesores de las universidades públicas—después de negociaciones con las facultades, la cifra más reciente que leí es una subida de un 25% durante ocho meses. Aunque los cortes de gastos podrían ser necesarios para evitar la inflación en el futuro y para amortizar la deuda, los analistas han señalado que la educación es el sector equivocado para cortar (de José Natanson en el New York Times Español via el Latin America Daily Briefing).
La reticencia del gobierno a aumentar los salarios de los docentes, además de más cortes a los presupuestos a las universidades públicas, ha resuelto en una gran oposición de los estudiantes y los profesores. Como describí en otras entradas, los profesores han organizado una huelga intermitente durante las semanas pasadas. Hace dos semanas más o menos, un grupo de organizaciones estudiantiles empezaron una toma de algunos edificios de la universidad.
Vi los efectos de primera mano el miércoles, cuando fui a el seminario de liderazgos presidenciales en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Porque algunos partes del edificios estaban cerrados, la mayoría de las clases tuvieron lugar afuera—literalmente en las calles adyacentes. Los estudiantes llevaron docenas—si no cientos—de pupitres hasta la calle mientras que los profesores dieron clases sobre el ruido de las bocinas. Mi clase no tuvo lugar afuera; por suerte encontramos un lugar más tranquilo en el pasillo. Aun así, me sorprendió el nivel del activismo y resistencia estudiantil contra la política de Macri. Tengo ganas de ver más de la interacción entre la política, la economía y las vidas cotidianas de los porteños.